domingo, 23 de marzo de 2008

El perro de la Zaragoza, ¿lo has visto?


Avenida Zaragoza, 7:22 de la mañana, entrando al Distrito Federal por la autopista México - Puebla, es hora pico, los conductores y pasajeros en autos y peceras, saben que es un tramo congestionado en el que se avanza a paso lento sin importar toda la suma de prisas personales que cada quien carga.

Durante años ese tramo me pareció deprimente, a cualquier hora: el relleno sanitario y su mal olor, el gris sin fin de los muros y el asfalto, los rostros tristes, somnolientos y/o desesperados de la gente alrededor. He recorrido esa avenida en muchos viajes, algunos llenos de esperanza y alegría, otras veces viajes muy tristes. He transitado por él en coche y en autobús, nunca conduciendo, siempre como pasajera que observa su alrededor haciéndose preguntas. ¿Quién habita estos parajes? Yo estoy de paso pero veo casas y gente ¿cómo se vive aquí, en este lugar tan distinto a mi entorno, pero que a la vez siento un poco propio?.

Mi memoria lleva registrando ese pedazo de carretera de la entrada a la enorme ciudad ya varios lustros. En los últimos cinco de estos años comencé a notar que el color aparecía en rincones y muros, supuse una posible respuesta a mis preguntas: allí viven jóvenes que le abren paso a la vida, “rayan” las paredes, aquí habitan artistas que retan a una urbanidad que los devora y vomita al mismo tiempo. Los excluidos se expresan y llenan de color esos grises parajes. Tienen arte y cultura propios, muchos de los “privilegiados” que sólo vamos de paso en nuestro automóvil vivimos el arte y cultura robada, prestada, acumulada por otros. Quien habita estos espacios está creando y se resiste a ajustarse a su destino sin dignificar su derecho expresarse.

El perro que protagoniza esta foto parece comprender desde su calma, contempla salir al sol y a los seres humanos que navegan en esta corriente de automóviles, quienes con todo y su racionalidad, o más bien debido a ella, han convertido los espacios comunes en tramos congestionados, en prisas sin sentido, en cúmulos de calles, construcciones y máquinas que intentan matar la vida en nombre del “progreso”, sin conseguirlo, por completo, todavía. Un perro disfrutando la Zaragoza con la belleza al fondo de un muro rayado por un alma anónima, una mujer viajando en su cumpleaños, mirando el graffiti en las paredes y encontrando respuestas que le despiertan un poco de esperanza, una cámara allí permitiendo preservar ese momento.

He tomado esta foto con una pequeña Olympus, desde un auto en movimiento, una imagen privilegiada que nuestra ciudad capital me regala con toda su belleza y significado, con sus posibilidades de creación y transformación y que comparto para provocar preguntas, porque también de preguntas se construyen ciudades, sus contenidos, su vida y conocimiento, su ética y estética.

4 comentarios:

Gus dijo...

¡Guau! Tu forma de percibir este abigarramiento urbano es increíble, narras el lado social-artístico de una sociedad oprimida que se queda sin espacios formidablemente bien. Creo que le dedicaré un poco de tiempo a entender tu peculiar punto de vista, que hasta ahora comparto completamente. ¡Saludos!

Semilla dijo...

gracias Gus :) ...

vonkinder dijo...

Me moviste hasta la deprimente Calzada Ignacio Zaragoza... cuantas veces he entrado a la ciudad por ahi y he pensado mas o menos lo mismo... siempre que entraba por ahi terminaba con la pregunta ¿que hago en esta ciudad?!!!

por otra parte tu descripcion del perro y su contexto esta genial. bravo!

un abrazo y gracias por traerme tantos recuerdos... que no deberian llegar en domingo por la tarde, pero bueno...

Semilla dijo...

vonkinder, gracias por las porras y por darte una vueltecita por este "blog semillero" jejeje

Va abrazo de retache, saluditos!