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domingo, 21 de agosto de 2011

Si pudiera...




lunes, 14 de diciembre de 2009

Evocando sonrisas

En el DF, avenida abarrotada, hora pico, rumbo a la pirámide del Sol...compartiendo audífonos y escuchando a Sabina, escondite perfecto de Britney...cantante favorita de la dueña del auto. Asiento trasero, a un lado de quien llegaría a ser un hermano lejano. Se escucha una voz, la mía: "Soy feliz, muy feliz" ...

El viernes fue mi cumpleaños y mi compañero de asiento me llamó desde Perú, un momento de esos felices, tiene más de dos años que no nos vemos y nos queremos justo como ese día.

A veces uno hace un "click" especial con ciertas personas, que el mundo en una de sus vueltas te pone enfrente.

Me encanta ser amiga de Jorgito, aunque esté tan lejos.

sábado, 4 de julio de 2009

Espantapájaros - De oliverio Girondo

lo que yo no perdono...

No se, me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! y en esto soy irreductible no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. ¡Si no saben volar pierden el tiempo las que pretendan seducirme!

Esta fue y no otra la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.

¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?

¡María Luisa era una verdadera pluma!

Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres

¡Con que impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.

Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.

¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes... la de pasarse las noches de un solo vuelo!

Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?

Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.



sábado, 26 de julio de 2008

26 de Julio ... no se olvida

Hace un año exactamente estaba en Cuba, haciendo realidad uno de mis grandes anhelos, conocer la tierra de la revolución, el único país de latinoamérica que se acercó a las utopías de justicia y equidad que llenaron muchos de los sueños juveniles en la segunda mitad del siglo XX y que se mantuvo de pie y con la frente en alto, altísimo, ante el imperialismo yanki.

Además estuve allí en una fecha en la que se conmemora uno de los hechos históricos más importantes de la isla, la toma del Cuartel Moncada.


Tengo que decir que estando en La Habana, descubrí que muchos cubanos ya no creen en la revolución, no percibí un ambiente de fiesta y algarabía, mis amigos me contaban las historias de los festejos de antes y definitivamente sus anécdotas no tenían nada que ver con lo que observé. Los isleños están cansados, tanta resistencia los tiene agotados.



Cuba es un retrato interesantísimo, pero triste, del fracaso del socialismo. Es un recordatorio para la humanidad de que tenemos que seguir buscando nuevas formas de coexistencia más allá de la bipolaridad. No podemos seguir interpretando el mundo en blanco (capitalismo) y negro (comunismo). Tenemos que reaprender nuestro ser político y buscar formas inéditas de organización social.

Mi paso por La Habana me hizo sentir testigo privilegiado de uno de los hitos más grandes de la historia. Creo que para aquellos que nos inclinamos a pensar en el mundo más allá de la lógica mercantilista impuesta por las grandes potencias, Cuba y su revolución, más que dejarnos frustración, nos deja aprendizajes invaluabes, espero que no dejemos de apreciarlo tomando conciencia de que la equidad es posible y de que el autoritarismo vertical no es la alternativa. La justicia no debe ser una imposición o un ideal, tendría que llegar a ser una conviccion compartida, porque, desde mi perspectiva, es la única alternativa de supervivencia para nuestra especie.

Meditación sobre el Moncada - Artículo en La Jornada

jueves, 17 de julio de 2008

Sobre héroes, tumbas, blogs y otras cavilaciones

Hoy conocí un blog que me gustó, lo escribe Alex Ramírez, siempre me inclino por los blogs personales, más que por aquellos temáticos o de tecnología, creo que como una casa, son un pedacito de alma de los autores...también creo que los que escribimos sobre nosotros mismos tenemos algo de exibicionistas y hasta de narcisistas, pero quién dice que eso es malo...simplemente somos personas que se nos da compartirnos y eso para mí es una cualidad, más que un defecto.

Hubo un post de Alex que me hizo recordar una reciente lectura, el libro "Sobre héroes y tumbas" de Ernesto Sabato que hace poco me regaló mi hermana Damiana, también me acordé de un sueño y de mis ganas locas de vivir una vida salida de la más pura ficción, cosa que no se me da y por eso mejor leo. Sabato es de mis autores favoritos, sus escritos son como estos blogs personales que tanto me gustan: transparentes, narcisos, honestos y con una enorme sensibilidad hacia la naturaleza humana con todas sus miserias y manías.
Una de las miles de manías que tengo: preguntar a los libros cuando por mí misma no encuentro respuestas...elaboro interrogantes y luego me pongo a leer, entonces se abre un diálgo que en la mayoría de los casos me sorprende...porque encuentro ordenado en palabras lo que en mi alma y cabeza está revuelto...Comparto una de mis charlas nocturnas con el libro de Sabato, los cuestionamientos tienen que ver con el absurdo de creer en conexiones cósmicas entre dos desconocidos, charla que el citado post, con su respectiva foto me devolvió a la memoria:
(En morado mi pregunta, en cursiva las palabras del autor...disfrútenlas)
Sobre el primer encuentro de Martín y Alejandra:
“…seguía manteniendo la imagen fugaz de la desconocida (sentada a sus espaldas en la banca de un parque), la mancha azul de su pollera, el negro de su pelo lacio y largo, la palidez de su cara, su rostro clavado sobre él. Apenas eran manchas, como en un rápido boceto de pintor, sin ningún detalle que indicase una edad precisa ni un tipo determinado. Pero sabía —recalcó la palabra— que algo muy importante acababa de suceder en su vida: no tanto por lo que había visto, sino por el poderoso mensaje que recibió en silencio”.
“… casi nunca suceden cosas. Un hombre cruza el estrecho de los Dardanelos, un señor asume la presidencia en Austria, la peste diezma una región de la India, y nada tiene importancia para uno…En cambio, en aquel momento, tuve la sensación nítida de que acababa de suceder algo. Algo que cambiaría el curso de mi vida.”
“No podía precisar cuánto tiempo transcurrió, pero recordaba que después de un lapso que le pareció larguísimo sintió que la muchacha se levantaba y se iba. Entonces, mientras se alejaba, la observó: era alta, llevaba un libro en la mano izquierda y caminaba con cierta nerviosa energía. Sin advertirlo, Martín se levantó y empezó a caminar en la misma dirección. Pero de pronto, al tener conciencia de lo que estaba sucediendo y al imaginar que ella podía volver la cabeza y verlo detrás, siguiéndola, se detuvo con miedo. Entonces la vio alejarse en dirección al alto, por la calle Brasil hacia Balcarce.
Pronto desapareció de su vista.
Volvió lentamente a su banco y se sentó.
—Pero… ya no era la misma persona que antes. Y nunca lo volvería a ser.”
Sobre la ESPERANZA y un nuevo encuentro:
“Pasaron muchos días de agitación. Porque sabía que volvería a verla, tenía la seguridad de que ella volvería al mismo lugar. Durante ese tiempo no hizo otra cosa que pensar en la muchacha desconocida y cada tarde se sentaba en aquel banco, con la misma mezcla de temor y de esperanza. Hasta que un día, pensando que todo había sido un disparate, decidió ir a la Boca, en lugar de acudir una vez más, ridículamente, al banco del parque Lezama. Y estaba ya en la calle Almirante Brown cuando empezó a caminar de vuelta hacia el lugar habitual; primero con lentitud y como vacilando, con timidez; luego, con creciente apuro, hasta terminar corriendo, como si pudiese llegar tarde a una cita convenida de antemano.
Sí, allá estaba. Desde lejos la vio caminando hacia él.
Martín se detuvo, mientras sentía cómo golpeaba su corazón.
La muchacha avanzó hacia él y cuando estuvo a su lado le dijo:
—Te estaba esperando.
Martín sintió que sus piernas se aflojaban.
—¿A mí? —preguntó enrojeciendo.
No se atrevía a mirarla, pero pudo advertir que estaba vestida con un sweater negro de cuello alto y una falda también negra, o tal vez azul muy oscuro (eso no lo podía precisar, y en realidad no tenía ninguna importancia). Le pareció que sus ojos eran negros…Y cuando la vio por segunda vez advirtió con sorpresa que sus ojos eran de un verde oscuro. Acaso aquella primera impresión se debió a la poca luz, o a la timidez que le impedía mirarla de frente, o, más probablemente, a las dos causas juntas. También pudo observar, en ese segundo encuentro, que aquel pelo largo y lacio que creyó tan renegrido tenía, en realidad, reflejos rojizos. Más adelante fue completando su retrato: sus labios eran gruesos y su boca grande, quizá muy grande, con unos pliegues hacia abajo en las comisuras, que daban sensación de amargura y de desdén”.
Sobre la construcción de un encuentro que se hace recuerdo y que es casa y es alma:
Ya que no bastan —pensaba— los huesos y la carne para construir un rostro, y es por eso que es infinitamente menos físico que el cuerpo: está calificado por la mirada, por el rictus de la boca, por las arrugas, por todo ese conjunto de sutiles atributos con que el alma se revela a través de la carne. Razón por la cual, en el instante mismo en que alguien muere, su cuerpo se transforma bruscamente en algo distinto, tan distinto como para que podamos decir "no parece la misma persona", no obstante tener los mismos huesos y la misma materia que un segundo antes, un segundo antes de ese misterioso momento en que el alma se retira del cuerpo y en que éste queda tan muerto como queda una casa cuando se retiran para siempre los seres que la habitan y, sobre todo, que sufrieron y se amaron en ella. Pues no son las paredes, ni el techo, ni el piso lo que individualiza la casa sino esos seres que la viven con sus conversaciones, sus risas, con sus amores y odios; seres que impregnan la casa de algo inmaterial pero profundo, de algo tan poco material como es la sonrisa en un rostro, aunque sea mediante objetos físicos como alfombras, libros o colores. Pues los cuadros que vemos sobre las paredes, los colores con que han sido pintadas las puertas y ventanas, el diseño de las alfombras, las flores que encontramos en los cuartos, los discos y libros, aunque objetos materiales (como también pertenecen a la carne los labios y las cejas), son, sin embargo, manifestaciones del alma; ya que el alma no puede manifestarse a nuestros ojos materiales sino por medio de la materia, y eso es una precariedad del alma pero también una curiosa sutileza.
Como si se conocieran de antes, ¿la conexión?
"Vine para verte", dijo Martín que dijo Alejandra. Ella se sentó en el césped. Y Martín ha de haber manifestado mucho asombro en su expresión porque la muchacha agregó:
—¿No crees acaso, en la telepatía? Sería sorprendente, porque tenés todo el tipo.
Cuando los otros días te vi en el banco, sabía que terminarías por darte vuelta. ¿No fue
así? Bueno, también ahora estaba segura de que te acordarías de mí.
Martín no dijo nada. ¡Cuántas veces se iban a repetir escenas semejantes: ella adivinando su pensamiento y él escuchándola en silencio! Tenía la exacta sensación de conocerla, esa sensación que a veces tenemos de haber visto a alguien en una vida anterior, sensación que se parece a la realidad como un sueño a los hechos de la vigilia.
¿Algo así es el amor? ¿Vale la pena arriesgarse por él, aunque no sea eterno?
“Martín dijo que aunque no hubiese pasado nada entre ellos, aunque sólo hubiera estado o hablado con ella en una única ocasión, a propósito de cualquier nimiedad, no habría podido ya olvidar su cara en el resto de su vida.
Y aún entonces, ya muerta Alejandra, y después de haber mantenido con ella una relación tan intensa, no alcanzaba a ver con claridad en aquel gran enigma; y se solía preguntar qué habría hecho en aquel segundo encuentro si hubiera adivinado que ella era lo que luego los acontecimientos revelaron. ¿Habría huido?....:
—Sufrí con ella tanto que muchas veces estuve al borde del suicidio.
"Y, no obstante, aun así, aun sabiendo de antemano todo lo que luego me sucedió, habría corrido a su lado."
Me fascinaba —agregó Martín— como un abismo tenebroso y si me desesperaba era precisamente porque la quería y la necesitaba. ¿Cómo ha de desesperarnos algo que nos resulta indiferente?”
Sobre la intención de alejarse y la necesidad de encontrarse:
“—Vos y yo tenemos algo en común, algo muy importante. Palabras que Martín escuchó con sorpresa, pues ¿qué podía tener él en común con aquel ser portentoso?
Alejandra le dijo, finalmente, que debía irse, pero que en otra ocasión le contaría muchas cosas y que —lo que a Martín le pareció más singular— tenía necesidad de contarle.
Cuando se separaron, lo miró una vez más, como si fuera médico y él estuviera enfermo, y agregó unas palabras que Martín recordó siempre:
—Aunque por otro lado pienso que no debería verte nunca. Pero te veré porque te necesito.
La sola idea, la sola posibilidad de que aquella muchacha no lo viese más lo desesperó. ¿Qué le importaban a él los motivos que podía tener Alejandra para no querer verlo?
Lo que anhelaba era verla. —Siempre, siempre —dijo con fervor. Ella se sonrió y le respondió: —Sí, porque sos así es que necesito verte.
En el momento en que se separaban, después de haber caminado unos pasos, recordó o advirtió que no habían combinado nada para encontrarse. Y volviéndose, corrió hacia Alejandra para decírselo.
—No te preocupes —le respondió—. Ya sabré siempre cómo encontrarte.
Sin reflexionar en aquellas palabras increíbles y sin atreverse a insistir, Martín volvió sobre sus pasos.”
Sobre el pesimismo, la desesperanza, la desilusión, el miedo….
“Desde aquel encuentro, esperó día a día verla nuevamente en el parque. Después semana tras semana. Y, por fin, ya desesperado, durante largos meses. ¿Qué le pasaría? ¿Por qué no iba? ¿Se habría enfermado? Ni siquiera sabía su apellido. Parecía habérsela tragado la tierra. Mil veces se reprochó la necedad de no haberle preguntado ni siquiera su nombre completo. Nada sabía de ella. Era incomprensible tanta torpeza. Hasta llegó a sospechar que todo había sido una alucinación o un sueño. ¿No se había quedado dormido más de una vez en el banco del parque Lezama? Podía haber soñado aquello con tanta fuerza que luego le hubiese parecido auténticamente vivido. Luego descartó esta idea porque pensó que había habido dos encuentros. Luego reflexionó que eso tampoco era un inconveniente para un sueño, ya que en el mismo sueño podía haber soñado con el doble encuentro. No guardaba ningún objeto de ella que le permitiera salir de dudas, pero al cabo se convenció de que todo había sucedido de verdad y que lo que pasaba era, sencillamente, que él era el imbécil que siempre imaginó ser.
Al principio sufrió mucho, pensando día y noche en ella. Trató de dibujar su cara, pero le resultaba algo impreciso, pues en aquellos dos encuentros no se había atrevido a mirarla bien sino en contados instantes; de modo que sus dibujos resultaban indecisos y sin vida, pareciéndose a muchos dibujos anteriores en que retrataba a aquellas vírgenes ideales y legendarias de las que había vivido enamorado. Pero aunque sus bocetos eran insípidos y poco definidos, el recuerdo del encuentro era vigoroso y tenía la sensación de haber estado con alguien muy fuerte, de rasgos muy marcados, desgraciado y solitario como él. No obstante, el rostro se perdía en una tenue esfumadura. Y resultaba algo así como una sesión de espiritismo, en que una materialización difusa y fantasmal de pronto da algunos nítidos golpes sobre la mesa. Y cuando su esperanza estaba a punto de agotarse, recordaba las dos o tres frases clave del encuentro: "Pienso que no debería verte nunca. Pero te veré porque te necesito". Y aquella otra: "No te preocupes. Ya sabré siempre cómo encontrarte".
¡Cuántos días desolados transcurrieron en aquel banco del parque! Pasó todo el otoño y llegó el invierno. Terminó el invierno, comenzó la primavera (aparecía por momentos, friolenta y fugitiva, como quien se asoma a ver cómo andan las cosas, y luego, poco a poco, con mayor decisión y cada vez por mayor tiempo) y paulatinamente empezó a correr con mayor calidez y energía la savia en los árboles y las hojas empezaron a brotar; hasta que en pocas semanas, los últimos restos del invierno se retiraron del parque Lezama hacia otras remotas regiones del mundo. Llegaron después los primeros calores de diciembre. Los jacarandaes se pusieron violetas y las tipas se cubrieron de flores anaranjadas. Y luego aquellas flores fueron secándose y cayendo, las hojas empezaron a dorarse y a ser arrastradas por los primeros vientos del otoño. Y entonces —dijo Martín— perdió definitivamente la esperanza de volver a verla.
La "esperanza" de volver a verla …. Y también se dijo:
¿no serán todas las esperanzas de los hombres tan grotescas como éstas? Ya que, dada la índole del mundo, tenemos esperanzas en acontecimientos que, de producirse sólo nos proporcionarían frustración y amargura; motivo por el cual los pesimistas se reclutan entre los ex esperanzados, puesto que para tener una visión negra del mundo hay que haber creído antes en él y en sus posibilidades. Y todavía resulta más curioso y paradojal que los pesimistas, una vez que resultaron desilusionados, no son constantes y sistemáticamente desesperanzados, sino que, en cierto modo, parecen dispuestos a renovar su esperanza a cada instante aunque lo disimulen debajo de su negra envoltura de amargados universales, en virtud de una suerte de pudor metafísico; como si el pesimismo, para mantenerse fuerte y siempre vigoroso, necesitase de vez en cuando un nuevo impulso producido por una nueva y brutal desilusión.

¿Es que acaso somos habitantes de dos islas cercanas, pero separadas por insondables abismos de desesperanza?????

sábado, 5 de julio de 2008

Del 2 al 7 de julio...

No tengo mucho que contar, ni filosofar en esta semana, se me ha ido procrastinando la cantidad inmensa de trabajo que se me ha acumulado, los avances son pocos y mi desesperación por tanta dispersión es mucha.

Lo que si tengo es mucho que recordar...estas fechas desde hace dos años parece que se empeñan en convertirse en algo especial.

El 2 de julio de 2006 fueron las últimas elecciones para presidente, estas nos marcaron a muchos...aunque sé que algunos lectores no estarán de acuerdo, creo que la sociedad mexicana está mostrando desde entonces una transformación importante en muchos aspectos (para bien), la cual no será objeto de este post, pero que profundizaré en el siguiente.

El 2 de julio del siguiente año, dio inicio un taller que impartimos en la UDLA una compañera y yo, no tenía nada de ganas de darlo, la crisis estaba en su climax y el tema del taller era Responsabilidad Social Universitaria, antítesis de lo que estábamos viviendo en la institución, ser incongruente es una de las cosas que más me incomodan en este mundo.

Pero como regularmente pasa, cuando menos te lo esperas, es cuando suceden los mejores eventos de tu vida. Allí conocí a un grupo de personas que me provocaron crecer mucho y que me hacen celebrar esta semana contar desde entonces con su amistad (Cris, Andrea, Jorge y Omar, gracias!, los quiero, como dicen, con el alma!).

Estoy esperando que llegue el siete de julio, para descubrir cuál va a ser el gran recuerdo que este medio año transcurrido me dejará, comienzo a creer que algo cabalístico está por acontecer y que hay algunas cosas que no suceden sólo por casualidad. Veamos qué tanto estoy en lo correcto y lo que me responderá el planeta y/o el cosmos en este sentido.

Actualización a 8 de julio - tanto planeta como cosmos se han expresado con una cantidad inmensa de agua, amanece y anochece lloviendo y yo encerrada en casa he dejado de procrastinar, creo que el mensaje es claro: ¡PÓNTE A TRABAJAR!